Somos una minúscula parte del universo. Esta realidad que algunos se empeñan en contradecir abarca más de lo que nuestro conocimiento espacial alcanza. Desde nuestra ubicación en ese gran collage, no tenemos la posibilidad técnica de ver lo que el universo mide. Por eso en nuestro afán de conocer donde estamos, de donde venimos y a donde nos llevan los acontecimientos espaciales nos circunscribimos al Sistema Solar. En una escalada más o menos lógica, el interés humano alcanzó la luna como primero objetivo, posteriormente se trató de visualizar otros astros y, como cada vez suena más, la comunidad científica fantasea con lograr que el hombre ponga un pie en Marte. Sin embargo, una gran estrella, el verdadero centro neurálgico del sistema es el que merece una especial atención y conocimiento. Desde hace décadas hemos intentado conocer al detalle el sol, la estrella que en realidad nos permite existir y cuyas repercusiones, como las llamaradas habituales que se pueden observar en su superficie, pueden ocasionarnos desastres a gran escala. A escala más humana, el sol y su estudio nos sirve de ejemplo para explicar la importancia de los avances, con la persona que realiza el Curso de Técnico Superior en Imagen para el Diagnóstico Online como testigo, que se están haciendo en el estudio del cerebro.

De la misma manera que el sol, a larga distancia, nos determina, el cerebro nos hace quien y como. Esto que parece fácil de decir, encierra multitud de ramificaciones tan complejas como la sensibilidad y morfología de las estructuras cerebrales. Por eso se trabaja duramente en conocer cada centímetro de este órgano vital, así como la manera de detectar e identificar las dolencias que puedan ponerle en jaque. A día de hoy, revisada y ampliada una de las técnicas que dominan el día a día del Técnico Superior en Imagen para el Diagnóstico, se trata de lograr un enfoque de estudio basado en micromovimientos.

Según un artículo publicado en la revista “Magnetic Resonance in Medicine” la amplificación de la resonancia magnética habitual puede lograr un acceso visual infinitamente superior de las cavidades cerebrales para detectar su morfología, funcionamiento y la posible presencia de malformaciones. En la base del estudio se coloca una técnica conocida como IRM amplificada basada en fase. Esta se apoya en tratar de detectar los ínfimos movimientos que hace nuestro cerebro en cada pulsación del corazón, conectando, de este modo, los dos motores que rigen nuestra salud. La teoría dice que en cada inyección de sangre que supone cada latido, el cerebro se mueve el equivalente al grosor de un cabello humano. Si, mediante un pulsómetro y la aplicación de un algoritmo, se puede lograr una secuencia de imágenes que sincronicen los latidos y los movimientos cerebrales se pueden obtener, sin cambiar el campo de visión (imágenes de cuello para arriba), las estructuras cerebrales pueden ser estudiadas a un nivel de detalle mucho mayor. De este modo, es posible que se puedan dar grandes pasos en la investigación de fenómenos neurológicos como los aneurismas o las conmociones cerebrales, así como un número elevado de trastornos.

Así, sobre la base de una técnica clásica de la diagnosis magnética se evoluciona hasta una metodología nueva con resultados increíbles. Este movimiento hacia adelante depende de que los profesionales de esta disciplina puedan seguir los pasos de tales avances. Por eso en ITEP, procuramos que, a través de las potencialidades tecnológicas con que cuenta y próximamente contará nuestro profesorado, las personas que cursan con nosotros, en modalidad Online, el ciclo de Técnico Superior en Imagen para el Diagnóstico estén al tanto de los últimos avances en la disciplina con la ventaja de no someterse a un horario y espacio físico establecido, sino que son dueños del tiempo y espacio que dedican a su formación para colaborar en llevar su profesión más allá el día de mañana.