La naturaleza tiene una manera de organizarse que, en ocasiones, ha servido de inspiración a los seres humanos. Uno de los ejemplos más plausibles de ello, es la conformación en sociedades perfectamente estratificadas como son las que componen insectos como las abejas o las hormigas. En diferentes contextos, con diferentes morfologías y con diferentes fines, estas especies son capaces de vivir en un espacio conjunto en el que cada elemento individual adquiere más fuerza y sustento puesto en común con sus semejantes, y en el que el orden y diversidad de roles hace de la convivencia algo perfectamente equilibrado. En esa sociedad, tanto en la subterránea de las hormigas como en la de la colmena de las abejas, ninguno de los individuos es dejado atrás por el conjunto, más bien se tratan de proteger de agresores exteriores. Este es el argumento que nos queda a los humanos por imitar. Como especie hemos dejado, en ocasiones, a semejantes atrás. Gracias a la labor de personas que realizan el Curso de Técnico Superior en Integración Social Online, ese problema se trata de amortiguar un poco, y hoy veremos qué se puede hacer a través de nuestras colmenas propias, los barrios en los que vivimos.

La labor que realizan los profesionales como el Técnico en Integración Social es básica para que la convivencia en sociedad se vea equilibrada en los casos de personas que, por una u otra razono, se han visto abocadas a un cierto grado de exclusión de su propio entorno. La detección de estos problemas y la canalización de los recursos para enmendarlos son puntos fuertes en la formación que reciben y que conocemos bien en ITEP. Puestos en práctica esos conocimientos pueden hacer posible que se reactiven recursos de convivencia como son el fortalecimiento de los lazos que tradicionalmente han tenido los barrios de las grandes y medianas ciudades.

Tradicionalmente, antes de que el crecimiento urbanístico se lo llevara todo por delante, las ciudades eran un conjunto de unidades más pequeñas, los barrios, en los que la gente tendía a conocerse, ayudarse y trabajar en la misma dirección enriqueciendo la vida en común, este es el espíritu que algunas iniciativas, comandadas por un equipo multidisciplinar, del que colabora también un integrador social, tratan de conseguir en pos de invocar el espíritu de las abejas de que ningún miembro de la comunidad se quede atrás a expensas del abandono o los peligros que puedan surgir.

Potenciando la creación de una base asociativa o de asociacionismo, y de potenciación de los colectivos vecinales, se busca promover la convivencia intergeneracional, reducir la exclusión social juvenil y afrontar con garantías problemáticas como la desigualdad, el paro de personas jóvenes o los problemas de discriminación por cualquier circunstancia. Con la apuesta por dotar a los barrios de vida propia y autopropulsada por sus vecinos se trata de conseguir que la calidad de vida de los barrios aumente en términos familiares, juveniles e infancia, auxiliados por los más mayores que pueden dotar al proyecto de una perspectiva más experimentada.

La coordinación, planificación y ejecución de un plan de esta envergadura no es una tarea fácil. Por ello es imprescindible el colchón que la formación ofrece al Técnico Superior en Integración Social que lo lleva a cabo. Para que esa formación esté basada en el deseo de aprender y no en la obligación de hacerlo, en ITEP implantamos no hace mucho la modalidad a distancia de este ciclo. De este modo, cualquier persona que quiera dedicar su vida a esta labor, independientemente de su contexto vital, pueda hacerlo sacando adelante el curso desde la ubicación y con los horarios que mejor le convengan. Además, y sin restar un ápice de exigencia en su preparación, estará siempre acompañado por un equipo docente excepcional