Se acabó la alarma y el estado de la misma. Hemos cerrado tres meses de desesperación, inseguridad, dudas y miedos. Hay muchas de esas sensaciones que siguen en el aire porque se debe tener claro que el virus sigue circulando entre nosotros. Sin embargo, por el contrario que esos malos ejemplos que vemos todos los días, mayoritariamente se están cumpliendo escrupulosamente las medidas de higiene, distanciamiento social y autoprotección, lo cual, esperamos, está arrinconando al pequeño virus que nos ha puesto en jaque. Con todo ello en mente, llega el momento de, insistimos con todas las precauciones, tomar las riendas de nuestra vida y avanzar en esta nueva normalidad pero normalidad al fin y al cabo. Ahora toca trabajar con normalidad, vivir con normalidad, disfrutar con normalidad y socializar con normalidad, por mucha distancia, mascarilla y gel lleve consigo este nuevo escenario. Es tiempo de hacer proyecciones de futuro, de imaginar como podrá ser el final del verano y como nos zambulliremos en una rutina post estival que traiga medidas complementarias a lo que tenemos establecidos pero que garantizarán la normalidad. Ese es el paradigma sobre el que trabaja el ámbito de trabajo de las personas que han realizado el Curso de Técnico Superior en Educación Infantil en Madrid, por ejemplo.

Esta profesión, como todas aquellas que están relacionadas con la educación, han sufrido una situación de lo más anómala estos meses. En el caso del Técnico Superior en Educación Infantil se ha visto truncado el proceso mediante el cual acompañaban a sus jóvenes alumnos en sus primeros pasos lejos del entorno familiar y en un entorno formativo. Para que este proceso no se vea interrumpido en un futuro cercano, por potenciales rebrotes, se están realizando proyecciones de cara al próximo para ver las medidas a implantar para evitarlo.

A día de hoy, no se tienen claras muchas evidencias de como funciona, como se transmite o como se debería tratar con efectividad a la COVID-19. Una de esas incógnitas se refiere a hasta qué punto los niños de corta edad pueden ser transmisores de la enfermedad. En este sentido se ha pasado de denominar a los pequeños como supertransmisores a, actualmente, descartar que su capacidad de contagio sea más que meramente testimonial. Dicho esto, se están realizando protocolos de actuación, concernientes a edades escolares de entre 0 y 6 años, que traten de garantizar el desarrollo del curso con normalidad, incluso en caso de rebrote.

Estas medidas comprenden 4 escenarios de actuación, que van desde la normalidad del desarrollo escolar presencial y, en el caso de la educación infantil, sin mascarilla ni distancia social, hasta el confinamiento absoluto. Dos fases intermedias fijan el uso de servicios e instalaciones en casos de rebrote leve o moderado. Por otro lado, la creación de grupos estancos con la convivencia de alumnos y profesores fijos para todas las clases, la limitación de actividades que mezclen a esos grupos y la creación de espacios y personal que pueda ser aislado con alumnos cuyo contagio sea una realidad apostillan esos 4 escenarios para que la normalidad sea la tónica habitual del curso 2020-2021.

Ojalá, el devenir del verano haga predominante el escenario uno de esos cuatro, el de la plena normalidad en esta nueva normalidad. Sin embargo, todos los escenarios se deben dar como posibles y la preparación del personal docente debe ir acorde con esto. Desde ITEP, nos esforzamos para dotar de una preparación completa, sólida y versátil a las personas que nos elige para formarse como Técnico Superior en Educación Infantil. Sólo de este modo, estos profesionales del presente y del futuro se pueden adaptar a situaciones como las que estamos viviendo.