Pese a que pudiera parecer lo contrario, la técnica más usual de imagen diagnóstica, la resonancia magnética, apenas tiene 50 años de vida. Pese a que en 1952 Herman Carr informó en su tesis doctoral que había conseguido una imagen unidimensional de resonancia y que el ruso Vladimir Ivanov presentó un documento ante la equivalente a la oficina de patentes en la URSS. No fue, hasta que el norteamericano Raymon Damadian ideó y comprobó que los tumores y diferentes tejidos que conforman las zonas blandas del cuerpo podían observarse y estudiarse, que se pudo patentar la máquina que lo hace posible y darle un inicio clínico a su uso, y eso fue en 1972. Desde entonces, como bien saben las personas que han realizado el Curso de Técnico Superior en Imagen para el Diagnóstico Online, se ha avanzado muchísimo en su desarrollo y su uso médico, ahora existen máquinas capaces de revisar el cuerpo humano al milímetro y dotar a los especialistas de imágenes internas que cuenten con una definición y claridad nunca alcanzada. Pero, además, estas potencialidades están haciendo posible que se multipliquen los casos en que estas pruebas de diagnóstico sean útiles para determinar qué le sucede a un paciente.

Paralelamente al desarrollo técnico de esta disciplina, se ha ido adecuando la formación de aquellas personas de las que depende que, esas imágenes que tienen que determinar qué o de que gravedad es lo que le pasa al paciente que pasa por sus manos, sean lo más nítidas y clarificadoras posible, siendo este un pilar básico de las labores del Técnico Superior en Imagen para el Diagnóstico. Más aún si tenemos en cuenta que, según un estudio del que hablaremos a continuación, la aplicación de pruebas como la Resonancia Magnética, el TAC o el PET es clarificador en nuevos ámbitos.

Según un estudio realizado por el Instituto del Corazón del Centro Médico Intermountain, situado en Salt Lake City, en Estados Unidos, las técnicas de imagen para el diagnóstico pueden, gracias a su precisión, ser, como poco, un complemento perfecto a la prueba de esfuerzo que se realiza a personas que han sufrido un episodio cardíaco. Tras revisar cerca de 8.000 expedientes de pacientes que habían sufrido algún problema coronario con resultado de isquemia, y habiéndoles realizado un TAC o un PET, descubrieron que estas pruebas eran determinantes para establecer una de las principales causas de los problemas cardíacos de los pacientes estudiados, la acumulación de calcio en las arterias.

Los científicos involucrados en el estudio defienden que, el hecho de que estas pruebas, mínimamente invasivas y ampliamente clarificadoras, pueden ser de más utilidad que la prueba de esfuerzo, puesto que gracias a las mismas se puede hacer una revisión más completa y exhaustiva de las arterias y así detectar depósitos de calcio, potencialmente peligrosos a medio o largo plazo por acumulación, pese a lo pequeños que puedan ser. De este modo, al poder ser usada como prueba de prevención, y con el grado de concreción que arrojan los resultados, los pacientes tienen la oportunidad de cambiar de hábitos y evitar que algo malo les suceda por este motivo.

Como se puede ver a tenor de lo explicado más arriba, el grado de precisión de la maquinaria de esta disciplina, y los usos que de ello se deriva, exige al profesional encargado una formación sólida y completa. En base a ello, en ITEP apoyamos y abrimos todas las vías para que, quien quiera, labre su futuro en esta rama sanitaria. Para ello dotamos de la posibilidad, a quien por su contexto vital no le permite otra modalidad, de realizar el Ciclo de Técnico Superior en Imagen para el Diagnóstico de manera online, siendo así, gracias a los medios tecnológicos que hemos implantado y al trabajo continuo de nuestro ejemplar profesorado, dueños del espacio y el tiempo que dedican a sacarlo adelante, sin riesgo de pérdida de rigor y exigencia por el camino.