Seguimos inmersos en la tormenta. En esa tormenta que nos está llevando, al mundo en general y a España en particular, a una situación que no se veía, con tal intensidad, desde hace más de un siglo. En el momento en que estas líneas están siendo escritas, no hay ninguna región de nuestro país que esté cerca de mantener mínimamente a raya los contagios de la COVID-19. Esto hace que se activen medidas de restricciones ciudadanas pero, a su vez, de protección de la misma. Esto significa, también, la movilización de todos aquellos recursos que puedan ayudar en el control y minimización de esta segunda oleada del virus tal y como sucedió en los pasados meses. Desde el marco administrativo necesario, pasando por una sanidad pública exhausta pero tremendamente esforzada y profesional, y llegando a todos esos profesionales esenciales que han mantenido, y continuan haciéndolo, el país en movimiento, incluso arriesgando su propia salud. Ahora estamos en una nueva situación que amenaza con llegar a la altura de la anterior. Por eso cabe destacar que hay recursos que pueden ser mejor utilizados que la primera vez, como es el ámbito profesional de las personas que realizan el Curso de Técnico Superior en Farmacia y Parafarmacia en Madrid, por ejemplo.

Esta profesión es de largo recorrido histórico y de unos beneficios sociales ampliamente demostrables. El escenario laboral del Técnico Superior en Farmacia y Parafarmacia, el establecimiento del mismo nombre, ha sido uno de los ejes tradicionales de los barrios y las comunidades de nuestro país. El conocimiento de aquellos argumentos cercanos a las propiedades de las distintas medicinas, de la gestión de un negocio de estas características y de sus potencialidades de cara a una comunidad estable, les hacen perfectos recursos de apoyo a la lucha para doblegar la curva de contagios.

Si atendemos a las conclusiones a las que se ha llegado en el IX Congreso Nacional de Farmacéuticos Comunitarios, celebrado recientemente por la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria, ese recurso no ha sido lo suficientemente utilizado, ni mucho menos reconocido, por parte de las instituciones en la gestión de la crisis sanitaria. Es más, seguramente estos profesionales han tenido cierto freno en el desarrollo de la ayuda que podían aportar. Es bueno recordar que el peso de la opinión pública recayó sobre algo que se escapaba al control de trabajadores en farmacia como es el precio de las mascarillas.

Por el contrario a esa circunstancia, la capacidad de penetración en el tejido social de la comunidad en la que se encuentra hace, al entorno farmacéutico, un recurso a utilizar en la difusión de información esencial en casos como la crisis de la COVID-19. La localización como puesto de distribución de material de protección y la capacidad didáctica, de los profesionales que trabajan en estos establecimientos, es una parte de esa utilidad que, desde el colectivo de profesionales, se exige puedan ser aumentados por las posibilidades que este ámbito profesional puede aportar en la gestión de la crisis actual y la colaboración en desahogar algo el sistema sanitario.

Es un hecho la capacidad de trabajo y colaboración social que puede aportar este tipo de negocio. Pero esa capacidad viene determinada también por la formación con qué cuentan los profesionales que trabajan en este ámbito. En este sentido, desde ITEP tratamos de esforzarnos por dotar, a las personas que nos eligen para prepararse como Técnico Superior en Farmacia y Parafarmacia, de una formación ejemplar, actual y exigente que les convierta en especialistas de esta rama profesional y puedan ejercer su labor de la mejor manera posible en el presente y el futuro.