Si hay algo que es constante en la historia es, paradójicamente, la viveza, la evolución y la movilidad de la especie humana para llevar a la civilización a nuevos estándares de conocimiento, sapiencia y aplicación de ese conocimiento en aquello que puede hacer avanzar a la especie. Seguramente el ejemplo de todo ello es tan simple como hacer una revisión de algo tan elemental como la invención de la rueda. Hace eras que este elemento sirve a merced de los humanos, en su momento, el intelecto incipiente de los primeros pobladores hizo plausible que un elemento cilíndrico haría más fácil transportar un gran peso. Desde ese momento, la historia ha hecho mucho por ayudar en el desarrollo de este invento, se perfeccionó la forma de aplicarla a ese movimiento. Posteriormente fueron los materiales que se aplicaron a tal utensilio, madera y caucho han sido los tradicionales. Y más tarde se ha desarrollado los mismos para que la rueda actual sea practicable en cualquier superficie e incluso marca la diferencia, en deportes de motor, según el compuesto elegido. Este recorrido de la evolución es aplicable a muchos ámbitos de la sociedad, y el entorno de trabajo del Técnico en Farmacia y Parafarmacia no es una excepción.

Como ya es sabido, en este vuestro blog de ITEP, hacemos un sistemático repaso de las disciplinas que nos son tocantes, desde puntos de vista que instamos sean diferentes. La especialidad que nos ocupa esta vez, la del Técnico en Farmacia y Parafarmacia, ha visto en los últimos tiempos como su evolución, de un punto A de su historia al momento actual, ha sido express y diversificada. Cada vez ha ido dirigiéndose hacia una especialización más amplia de las funciones que dominan los profesionales al cargo de estas oficinas. Vamos a ver, a grandes rasgos, cómo ha sido el proceso.

Hace unas décadas tan sólo, las farmacias eran un punto de venta, algo social también, donde los vecinos acudían a presentar sus problemas de salud a un boticario que como solución dispensaba medicamentos concretos o, como opción añadida, elaboraba determinados compuestos. Desde ese momento concreto de la historia de estos establecimientos, hasta el día de hoy, el desarrollo de la profesión ha sido espectacular en muchos sentidos. El números de frentes abiertos en un negocio de este tipo se han multiplicado por necesidades del guión y por un afán por alcanzar a más gente posible.

En cierto punto de este proceso, los artículos a la venta en una oficina de farmacia, se han diversificado dando entrada a productos de parafarmacia que multiplican la capacidad de negocio, y de atención a público diferenciado, por varias veces.

En esta apertura a lineas de productos se hizo lógica la expansión de profesionales que abarcara las necesidades operativas y comerciales de las oficinas de farmacia. La incorporación de estos trabajadores colaboró a una rápida adaptación a la digitalización de estos establecimientos, con la e-receta, al control más eficiente del stock o, por ejemplo, la gestión y control de los proveedores.

Como sucedió con la rueda, la gestión de una oficina de farmacia ha evolucionado para volverse algo más compleja. Es por eso mismo que el personal que la gestiona y controla debe contar con una preparación y una formación sólida, completa y adecuada a los tiempos actuales. Por esa misma razón, cuando incorporamos, en ITEP, esta disciplina asumimos el compromiso de que, de nuestras aulas, saldrían los Técnico en Farmacia y Parafarmacia más formados posible. Para ello, aplicamos un método de enseñanza basado en la ejemplaridad del profesorado, unos medios didácticos de impresión, comandados por un laboratorio completo, y, cuando es posible, un calendario continuo de prácticas.