El cuerpo humano es una de las grandes inquietudes del propio ser humano. El hecho de que hayamos avanzado en el estudio de ese gran campo de investigación que somos nosotros mismos, no implica, ni mucho menos, que todo esté dicho. Por desgracia, en estos días estamos siendo testigos de que no somos ni remotamente conscientes de lo altamente vulnerables que somos. La crisis que estamos contemplando con el célebre ya coronavirus, y pese a la alarma excesiva que se está levantando sobre ello, nos está mostrando cómo, los agentes que nos pueden dañar irreversiblemente siguen fuera de nuestro control. Este baño de humildad no hace más que recordarnos que debemos seguir por la vía de la investigación y el estudio del cuerpo humano, aquello que le daña y, también aquello que le puede sanar. A día de hoy, además tenemos el conocimiento de que somos el ejemplo de la mejor memoria que jamas ha existido, pues, como ya saben las personas que realizan el Curso de Técnico Superior en Radioterapia en. Madrid, por ejemplo, por la naturaleza de su trabajo, cada una de nuestras células conserva la memoria del recorrido vital que ha hecho, así como las agresiones o cuidados que ha recibido.

Los profesionales sanitarios a los que hoy dedicamos este espacio del blog de ITEP, son los encargados de que los pacientes oncológicos que así lo requieren, reciban la dosis de radiación suficiente como para que las células mutadas que amenazan su vida se vean afectadas hasta el punto, con suerte, de que desaparezcan. Ese beneficio, conlleva el riesgo de que, por la naturaleza del trabajo del Técnico Superior en Radioterapia, el cuerpo se resienta a medio o largo plazo. Por eso es importante que se investigue cómo reducir la toxicidad de la radiación que conlleva esta terapia.

Un ejemplo de los daños que la radiactividad puede ocasionar tiene que ver con uno de los motores del cuerpo humano, el corazón. La modificación del ADN de ese órgano, puede acarrear para el paciente determinadas dolencias cardíacas o, incluso, insuficiencia cardíaca a medio o largo plazo. Por ello, desde la comunidad científica se trata de entender cómo se puede reducir la toxicidad que pueda recibir el órgano vital.

Un estudio llevado a cabo en la Universidad del Estado de Washington está abriendo una vía de investigación que sugiere que el reloj biológico de cada individuo tiene qué ver con a toxicidad que es capaz de asumir el corazón en caso de tener que recibir radiación. Al parecer, la proteína Bmal1, encargada de controlar los ritmos corporales cada 24 horas estaría relacionada. Si, tal y como parece desprenderse del estudio, los sujetos con horarios cambiados en ese reloj biológico parecer sufrir mayores afectaciones, se podría estudiar la manera de suprimir esa enzima y, por lo tanto, negar esa posibilidad que haría más vulnerable al corazón. De este modo, la terapia no debería reducirse o, en otros casos, se podría personalizar en mayor medida para optimizar la influencia de ésta sobre el tumor que se trata.

Todos estos estudios que van surgiendo y avanzando, no hacen más que asistir a que la labor del Técnico Superior en Radioterapia sea lo más eficiente posible y salve cuantas más vidas sean posibles. Pero para que eso sea así el trabajo de estos profesionales debe estar apoyado en una formación completa y sólida. Desde ITEP así lo creemos también y por eso desarrollamos, desde hace más de 40 años, un método de enseñanza basado en la preparación y profesionalidad de nuestro profesorado, en unos medios didácticos lo mas funcionales posible, y en un calendario de prácticas, charlas y visitas, tanto dentro como fuera del aula.