Sólo hace falta leer una portada de periódico, observar un telediario con atención o escuchar un boletín informativo para saber que vivimos tiempos convulsos, no exentos de tensiones y con una situación internacional con tendencia a los roces más o menos diplomáticos. Sin embargo, de nuestra historia reciente podemos aprender que toda tensión puede ser superada por un escalón más, el de la contienda bélica. No está de más recordar que hace apenas unas décadas el mundo vivió como gran parte del globo se dividía en dos en una guerra que trajo consigo o peor de la naturaleza humana. Por si el avance de la plaga nazi por toda Europa y su alianza con potencias asiáticas fuera poco, el 6 de agosto de 1945, de las entrañas de un bombardero americano cayó, en las ciudades niponas de Hiroshima y Nagasaki el invento más destructivo de a historia humana. Sendas bombas atómicas cayeron en un punto exacto y se expandió en una ola abrasadora que acabó con miles de vidas de manera inexorable. La historia nos enseña que el camino es evitar que vuelva a suceder, y la ciencia, como la que domina el Técnico Superior Experto en Radioterapia, que ese fenómeno de expansión de radiación puede tener una aplicación positiva en mucho menos escala.

Es una evidencia que el episodio histórico descrito más arriba es oneroso para la civilización, pero es de lo mas gráfico para explicar el fenómeno que se está produciendo cuando algunos pacientes, con cuadros oncológicos tradicionalmente complicados, pasan por las manos y los conocimientos del Técnico Superior en Radioterapia. La práctica ejemplar de estos profesionales, a la que se ha sumado un avance en el campo de una de las disciplinas más prometedoras para doblegar la incidencia del cáncer, como es la inmunoterapia, está logrando que sea cada vez más habitual el que se ha llamado efecto abscopal.

Hasta hace bien poco, el avance del cáncer, sobre todo de algunos tipos como el de pulmón, caracterizado por la aparición de metástasis, pocas soluciones terapéuticas. Sin embargo la irrupción de la inmunoterapia (especialidad muy temprana aún pero de lo más prometedora), puesta en combinación con las terapias más tradicionales como la radioterapia, ha puesto un gran grano de arena en el proceso por el cual los efectos de ésta se vean potenciados por una respuesta inmune mejorada del paciente. De ahí que se puede decir que se estén incrementando los casos del llamado afecto abscopal.

Pero, ¿en qué consiste en efecto abscopal? Descrito en 1953 por Robin Mole, este efecto viene determinado por el símil que hacíamos en líneas anteriores. Es asemejarle a la bomba atómica, puesto que ésta cae en un punto concreto y se expande afectando a zonas muy alejadas de la zona de impacto. En el caso de la radioterapia, se irradian las células del tumor primario y, fruto del propio sistema inmune (y la actual potenciación con la inmunoterapia), se cree, las metástasis son sensibles al efecto terapéutico de la radio, llegando a meterlas en regresión. Un avance muy significativo aunque, a día de hoy imposible de predecir.

El efecto protagonista del texto de hoy del blog de ITEP no hace más que poner de manifiesto que, pese a que se pueda pensar lo contrario, las soluciones tradicionales contra del cáncer siguen siendo no solo efectivas si no también claves para hacer más funcionales las nuevas herramientas terapéuticas. Pero para que eso sea así, como es elemental, se necesita personal cualificado para ello. Desde nuestro centro formativo llevamos desde 1977 preparando a generaciones de Técnico Superior en Radioterapia que se encarguen, de manera efectiva y ejemplar, de ello.