Desde que el mundo es mundo, y más aún desde que el hombre puso el pie en esta Tierra, la necesidad de estar orientados y posicionados ha sido patente. El hecho de ser conscientes del punto en el que nos encontramos, y de la localización de lo más relevante de nuestro entorno, nos ha hecho ser productivos a la hora de establecer relaciones entre ambas cosas. En la antigüedad más remota, esa tarea la dejamos en manos de deidades que marcaban nuestro destino por tierra, mar y aire. Cuando superamos esa dependencia, fue la ciencia quien estableció nuestro posicionamiento y nuestra capacidad de traslación. Primero fue el conocimiento del firmamento y de los mares, luego el establecimiento de mapas cartográficos que, con mayor o menor detalle, hicieron mucho más fácil el proceso, y más tarde intervino la tecnología. La posibilidad de establecer nuestra posición respecto a los puntos cardinales gracias a la brújula y, más tarde, tener todo localizado por geolocalización cerró el círculo. De una manera similar, algunas personas, algunos profesionales, sirven de guía y ayuda a colectivos que así lo requieren. Es el caso de las personas que realizan el Curso de Técnico Superior en Integración Social en Madrid, por ejemplo.

La profesión de estas personas es, en ocasiones, la encargada de ayudar a determinadas gentes a encontrar un camino que les conduzca a una normalización de su existencia, de una inclusión lo más completa posible en escenarios sociales habituales para el resto de las personas. El hecho de mostrar la manera de hacerlo y ser colaboradores necesarios en ese transitar, hace del Técnico Superior en Integración Social una figura necesaria, cuando no trascendental, para que se dé el escenario de normalidad al que nos referíamos con anterioridad, y hay un colectivo social que necesita de esta asistencia en gran medida: las personas con discapacidad.

Ayer fue el Día Internacional de la Discapacidad. Es este un colectivo que va logrando marcarse metas de visibilidad, normalización e inclusión en muchos terrenos sociales y del día a día. Sin embargo aún queda mucho por hacer en ese terreno, y los profesionales de la disciplina que hoy nos ocupa tienen mucho qué decir al respecto. El trabajo que realizan no siempre es conocido, pero sí que se notan sus efectos en cuanto a la inclusión, mediante sus propios méritos buen guiados, de personas con discapacidad en entornos domésticos y profesionales.

Sin embargo, en terrenos educativos, principalmente en las etapas tempranas de la formación, hay mucho por hacer aún. Muchos centros escolares, que cuentan entre su alumnado con personas con necesidades de asistencia, reclaman mayor presencia de trabajadores de esta naturaleza en su plantilla. El poder contar con un espacio dedicado al trabajo y el desarrollo de las capacidades de esas personas guiado por un profesional docto en la materia, y que además sepa guiar la inclusión de la misma en el entorno social del aula, es un gran recurso educativo que, como es fácilmente demostrable con un sencillo golpe de hemeroteca, no se está cumpliendo en muchas, demasiadas, ocasiones.

La tarea que realizan estos profesionales es fundamental en escenarios como ese, lo cual otorga una importancia capital a la formación que el Técnico Superior en Integración Social tenga. Una preparación sólida y completa asegura que la labor de guía y colaboración con el colectivo de la discapacidad sea óptima. Desde ITEP tratamos de alcanzar la excelencia educativa de nuestras alumnas y nuestros alumnos para que alcancen ese objetivo. Para ello aplicamos un método basado en la preparación y profesionalidad del profesorado, unos medios didácticos de gran nivel y un calendario de prácticas, tanto dentro como fuera del aula, continuo y exigente.