Estamos siendo puestos a prueba como sociedad. No como individuos, no como comunidades concretas, no como colectivos de uno u otro perfil. No. Transversalmente, la situación que estamos viviendo a nivel planetario está poniendo en valor los valores que nos rigen y poniendo en evidencia a aquellos que, por una u otra razón, aún no han entendido lo que está pasando. Los estados están tomando medidas que a nivel social y económico están haciendo mella y que exigen del ciudadano un esfuerzo muy grande. El hecho de estar confinados, reducir y limitar la movilidad y separar sin solución de continuidad a núcleos familiares es un paquete de medidas sociales difíciles de asumir. No obstante, la mayoría de esa población, pese al encierro, tiene sus necesidades más básicas atendidas y satisfechas. Un techo que les resguarde, alimento en la nevera, una cama que vele por sus sueños, las medidas sanitarias por si algo sucede a mano y los suficientes recursos de entretenimiento como para pasar el encierro de la manera más amena posible. Como sociedad, sin embargo, debemos ser conscientes, tal y como lo son las personas que realizan el Curso de Técnico Superior en Integración Social en Madrid, de que existen otras realidades.

Lo hemos dicho muchas veces en este mismo blog. Los profesionales de esta disciplina son personas de una pasta especial, como bien conocemos en ITEP. Cuando la sociedad se aleja de determinadas situaciones y realidades, el Técnico Superior en Integración Social tiende a ir en sentido contrario. De este modo, tal y como su formación le ha enseñado, se empeña en detectar las situaciones de vulnerabilidad que se pueden dar y, si es posible, se pone manos a la obra para tratar de cambiar la suerte de aquellas personas o colectivos que se puedan encontrar en situación de exclusión social.

Mediante los medios de comunicación, los medios sociales o por el boca a boca, todos los ciudadanos de España han ido sabiendo de las medidas que se han ido tomando y como acatarlas. Todos no. Un colectivo ha visto como su realidad, su contexto, cambiaba súbitamente sin apenas saber porqué. Esta situación ha traído situaciones consigo que profesionales y expertos en la materia tratan de amortiguar y gestionar.

Tan solo en Madrid, según un censo del Ayuntamiento, y teniendo en cuenta que la cifra es del todo relativa, hay más de 3.000 personas sin hogar. Estas personas conforman un colectivo que no tiene herramientas propias para enfrentarse a la pandemia, y por descontado no tiene fácil el acceso a mascarillas, guantes o material desinfectante. Por ello, y por la dificultad para filiarlos, son un potencial foco que pasa desapercibido en el radar de las autoridades. Es por esto, que, desde la profesión que hoy nos ocupa, se intenta trabajar para dotar a estas personas de una situación mejor. Por un lado se trata de coordinarse con las autoridades para encontrar un sitio que albergue a los más posibles y por un lado se intenta dotar a cuantos se puede del material de protección necesario.

En situaciones como esta se ve el cariz de la personalidad y la profesionalidad de las personas que escogen esta profesión como ocupación. Pero para encaminarla de la mejor manera es muy importante que la formación que reciben estas personas sea completa y sólida. Desde ITEP tenemos muy presente esta circunstancia, por eso ponemos a disposición de nuestro alumnado un método de enseñanza que se apoya en tres argumentos: un profesorado de lo más competente, atento e involucrado, unos medios didácticos a la altura de las circunstancias y un calendario de prácticas estricto y continuo, tanto dentro como fuera del aula.