A lo largo de los años han surgido nuevas profesiones en el campo de lo social: animadores socio-culturales, educadores de calle, educadores de familia, monitores de tiempo libre, auxiliares sanitarios, trabajadores sociales, educadores sociales,las gente que ha realizado el Curso de integracion social en Madrid, psicólogos, etc; es decir, nos encontramos ante un gran número de especialistas en desarrollo comunitario y en atención de situaciones individuales de gran riesgo social.

Esto por una parte tiene una  parte positiva, porque da mucha riqueza a los equipos multidisciplinares que trabajan en el ámbito social, ya que cada profesional puede aportar unos conocimientos y competencias particulares. Así mismo, abre un abanico de oportunidades laborales para los distintos profesionales, así pues , un integrador social puede desempeñar ocupaciones como Técnico de programas de ayuda a domicilio, Técnico de programas de prevención e inserción social, Técnicos de inserción ocupacional, Educador de equipamientos residenciales de diverso tipo, Educadores de discapacitados (físicos, psíquicos y sensoriales), Trabajador familiar, Técnico de movilidad básica.  El problema surge cuando varios profesionales compartimos las mismas funciones en cuanto  a la atención a los usuarios y por lo tanto  podemos acceder a la misma ocupación a través de diversos estudios.
Es conocida la polémica sobre la usurpación laboral, así surgen preguntas como ¿quién debe ser el técnico de movilidad básica? ¿El integrador social, el auxiliar de enfermería…? Con el aumento del paro, aumenta el afán por delimitar las funciones específicas de cada profesional, y consecuentemente su campo de trabajo.
Mientras esto se lleve a cabo, es bueno recordar, y así nos gusta hacerlo en ITEP que cada una de las profesiones que trabajamos en el ámbito de lo social tenemos espacio. Todas abordamos cuestiones sociales; puede cambiar la metodología, las técnicas o instrumentos. Hay cuestiones que podemos realizar todas y hay otras que son específicas de cada profesión, pero el respeto por todas es fundamental. De nada sirve las descalificaciones o infravaloraciones.
Por lo tanto, busquemos nuestra identidad profesional, cada uno/a la suya, respetando a las demás, porque si no ¿cuál es mi motivación y mis intereses para trabajar en el ámbito de lo social? ¿Qué imagen estamos dando como profesionales de lo social? Empecemos siendo modelos, y aunque es lícito luchar por nuestra categoría profesional y la especificidad de nuestras funciones, hagámoslo siempre desde el respeto y desde la unión con los otros profesionales del tercer sector, que hoy en día, más que nunca necesita de la unión de los profesionales y usuarios de la intervención social, para luchar por unas políticas sociales que potencien y mantengan los derechos tanto de los profesionales como de los usuarios.