Esta vez no será así, pero la navidad suele traer determinados espectáculos que, anualmente se repiten sin cesar. La pandemia que tenemos encima nos ha privado, a lo largo de todo el año, de numerosos momentos que, de manera cíclica, esperamos con ansias. La necesidad de guardar distancia, de quedarnos en casa cuanto más tiempo mejor y socializar aún menos está trayendo la bonanza al comercio digital, pero nos está robando el encanto de pasear frente a escaparates preparados para la ocasión. Los artículos a la venta dispuestos de una forma atractiva, los elementos de decoración, y más en estas fechas, luciendo perfectamente para resaltar lo que debe ser resaltado, y la iluminación, exterior e interior, que es capaz de atraer a cualquiera. Pero esa es la parte que se ve desde fuera, la bonita y fácil. Cada uno de esos establecimientos tiene una historia detrás de quien se encarga de tenerla de esa manera para quien desee cruzar la puerta. Una historia de dedicación y esfuerzo, de atención al detalle y de estar al servicio de quien así lo necesita. Un símil este que podemos usar para hablar, de la misma manera de los profesionales Técnico en Emergencias Sanitarias en Madrid, por ejemplo.

De la misma manera que los escaparates de las tiendas, el medio de trabajo de los trabajadores sanitarios que hoy nos ocupan, es llamativo. Cuando la ambulancia del SAMUR, por ejemplo, llega a algún sitio suele ser el objetivo de todas las miradas. Es posterior el hecho de recaer en el trabajo ejemplar que el personal de va en el vehículo, incluido el Técnico Emergencias Sanitarias, realiza. Llegan, atienden, trasladan y desaparecen. Esta es la parte popularmente conocida de la profesión.Sin embargo, como decíamos con el símil anterior, siempre hay una historia más profunda, y esta especialidad no es una excepción.

Hay muchas circunstancias de este trabajo que la gente al margen del mismo no conoce. La mayor parte de ellas tienen que ver con la parte emocional y nerviosa de los profesionales que ejercen este cargo. En sus manos puede estar la vida de una persona, y los elementos en contra, las posibilidades de que esa vida corra peligro son muchos y de lo más variadas. Y es precisamente la variedad de escenarios que se puede encontrar, es una de las cosas que más en alerta pone, pero también más agota psicológicamente a estos sanitarios.

Muchas veces, las jornadas laborales de estos trabajadores de la salud se extienden se alargan hasta la 24. Un día de sensaciones, que pueden ser extremas, y de tensión constante. Las horas de reposo no lo son por esa misma tensión, y las que son de actividad pueden ser una autentica montaña rusa de emociones, puesto que, en el mismo turno pueden pasar de la mayor alegría, como puede ser el momento de asistir a un parto, a la mayor de las desesperanza cuando se pierde a algún paciente, en un accidente de tráfico, por ejemplo. Y ahora, con la presencia de la COVID19 estos estragos emocionales no han hecho más que acentuarse.

En ITEP sabemos la tremenda responsabilidad que tenemos al hacernos cargo de la formación de profesionales tan necesarios y tan esenciales a la hora de, llegados al extremo, salvar vidas. Es por ello que somos exigentes en cuanto al aprendizaje de nuestros alumnos, aún más, si cabe, en la situación de precaución extrema que demanda profesiones como la del Técnico en Emergencias Sanitarias. Como podéis ver en algunas de las publicaciones al respecto de este Ciclo que hay en nuestras redes sociales, los alumnos están aprendiendo a realizar sus futuras tareas diarias provistos de los trajes de protección y demás material.