La imagen que encabeza este texto podría ser la de cualquier avión que está cerca de tomar tierra en cualquiera de los miles de aeropuertos que hay posicionados a lo largo y ancho del globo. Podría ser la foto de cualquier cazador de aviones que se suele colocar en las cercanías del aeropuerto de Madrid Adolfo Suárez-Barajas para capturar con su cámara los distintos modelos de aeronave que despega o aterriza. Pero no lo es. Si agudizamos la vista, podemos ver como una de las ruedas del tren de aterrizaje tiene un perfil desigual y algo más delgada que el resto. Efectivamente, es la imagen del avión de Air Canadá que ayer tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto madrileño por presentar daños en el neumático y el mecanismo que le recoge, y cuyas piezas sueltas habían dañado uno de los motores del ala izquierda. Desde el momento en que se supo la noticia, toda actualidad noticiable se paró, empezaron los programas especiales, la ronda de consulta a expertos y demás. Estuvieron atentos periodistas, políticos, responsables, y también personal con el Curso de Técnico en Emergencias Sanitarias en Madrid, por ejemplo, superado, entre otro personal necesario en circunstancias como esta.

Que la vida de más de 130 personas este en el aíre, nunca mejor dicho, por problemas en un avión resulta ser más una excepción que otra cosa. Lo es por la seguridad de ese transporte, pero también porque en este caso la contingencia podía prepararse con antelación. El Técnico en Emergencias Sanitarias suele no contar con ese lapso de tiempo. Normalmente, su intervención suele tener lugar a posteriori, cuando lo inevitable, o no, ya ha sucedido. Es en esas circunstancias cuando la formación y preparación de estos profesionales sanitarios se pone, continuamente además, de manifiesto.

En el día de ayer, todo se resolvió, finalmente, de la mejor manera posible. Cómo habían anticipado las voces expertas consultadas por los medios de comunicación, el aterrizaje se produjo con algo más de brusquedad de la habitual pero sin más consecuencias.

Todo ello, no implica que, en tierra, no hubiera un gran trabajo de preparación y planificación entre autoridades y personal sanitario. Fueron cuatro horas las que transcurrieron desde el despegue del avión hasta la vuelta al punto de partida. En ese tiempo, desde el Madrid 112 se realizaron tareas de planificación, tal y como dicta el protocolo, con el fin de minimizar los daños personales que un aterrizaje anómalo puede traer consigo.

Cuando llegó el momento de tomar tierra, al pasaje del ACA837 le esperaban, en la cercanía de la pista de aterrizaje, tan solo contando el personal sanitario, hasta diez dotaciones del Servicio de Urgencias Médicas (SUMMA 112) y una carpa de emergencias de la Cruz Roja por si la maniobra se complicaba, todo ello sin contar con las unidades del Samur-Protección Civil, hasta nueve, que movilizó el Ayuntamiento de Madrid. Como no podía ser de otra manera, como medida complementaria se puso en aviso a la red de hospitales de la ciudad por si hubiera sido necesario.

En situaciones como esta se deja claro que el engranaje que mueve la maquinaria de asistencia a grandes catástrofes funciona a la perfección en Madrid. Pero, como es obvio, ese gran engranaje funciona según la aportación de los profesionales que lo componen. Desde ITEP nos ocupamos y preocupamos de que, por la puerta de nuestras aulas, salga el Técnico en Emergencias Sanitarias mejor preparado posible. Para que ese engranaje se nutra de los mejores profesionales, empleamos un método basado en un excelente profesorado, unos medios didácticos al alcance de pocos centros y un calendario de prácticas exigentes y continuas.