Dar la bienvenida, a un nuevo ser humano, a la vida es un acto de valentía y de amor en estos tiempos que corren. Ver nacer y crecer a un bebé es una experiencia que cambia a los principales responsables, sus padres, pero, como no puede ser de otra manera, también al entorno de éstos. Por regla general es un acto de alegría, de amor y de complicidad para con ese ser recién llegado al mundo. Es un proceso que genera sentimientos exacerbados, una responsabilidad creciente y la confianza en que el manejo de una situación tan exigente como es la crianza de una niña o un niño llegará a buen puerto. Pero también hay que tener en cuenta que en un camino tan largo como el de la maternidad y la paternidad también entran en juego sentimientos como el miedo, la inseguridad y la desconfianza. Por ello se trata de buscar la manera de proteger e, incluso, sobreproteger de alguna manera a los pequeños. Ahora, pongámonos en el caso de que, salvando las distancias, te tienes que preocupar de esta manera de todo un grupo de niños. Esa es la realidad de las personas que realizan el Curso de Técnico Superior en Educación Infantil en Madrid, por ejemplo.

Obviamente, la relación de estos profesionales con cada niño a su cargo no tiene el trasfondo que tiene la relación entre éstos y sus familias. Ahora bien, eso no es óvice para que, en el desempeño de su trabajo haya una constante de preocupación por el bienestar de los niños del aula que supervisa. Esto quiere decir que, el Técnico Superior en Educación Infantil, además de prestar atención y poner su propia formación en juego para ayudar al desarrollo de los más pequeños, también debe tener en cuenta una planificación que vele por la seguridad de los mismos.

Seamos honestos, todos las personas que han tenido niños alrededor saben que, alcanzada una edad, es muy difícil hacerles parar, detener esa energía desbordante que les lleva a desafiar su propia seguridad, eso nos pone en la tesitura de buscar las maneras de mantenerlos lo más a salvo posible. Lo mismo sucede en el aula de educación infantil. Pero es un hecho, también, que para los profesionales que trabajan en ella es muy complicado evitar que pasen acontecimientos que puedan dañar, de algún modo, a los jóvenes alumnos.

Para poder restañar todos esos potenciales problemas, los profesionales educativos que trabajan con los niños en el aula infantil tienen un recurso primario a mano. El botiquín. Dadas las especiales características del entorno donde estará ubicado ese botiquín, debe tener unas propiedades concretas. Estas son:

– Es recomendable que sea una caja fácilmente transportable por peso y tamaño.
– Obviamente debe estar lejos del alcance de los alumnos pero, a su vez, debe ser plenamente identificable.
– Debe combinar que sea herméticamente cerrado pero no con llave (o parecido) para garantizar un acceso rápido.
– En un lugar visible del botiquín debe haber una lista concreta y actualizada (al menos dos veces al año) con el contenido concreto del mismo.

La seguridad en el aula es una responsabilidad más en el desempeño del trabajo del Técnico Superior en Educación Infantil. Cuantas más aristas de la labor de estos profesionales conocemos, más se pone en consideración la formación que reciben. Desde ITEP, tratamos de potenciar las aptitudes propias de las personas que nos eligen para comenzar este camino laboral y, mediante un método basado en la profesionalidad de nuestro profesorado, unos medios didácticos ejemplares y el equilibrio entre los saberes teóricos y su aplicación práctica, tratamos de formar a las generaciones de expertos en esta especialidad del presente y del futuro.