Se dice que una de las actividades humanas que dota de mayor sensación de libertad, a quien la realiza, es la de gobernar una embarcación mientras se surcan los mares. No es una actividad sencilla puesto que son muchos los elementos, naturales y propios de la embarcación misma, los que deben ser controlados y, dentro de lo que cabe, dominados. En los barcos de vela es en los que se revela la verdadera naturaleza del marinero o capitán que se lanza a la experiencia. Aunque ello conlleva estar a merced completa de elementos que se escapan al dominio humano. Si todo va como debe y el tiempo acompaña, la travesía puede ser igualmente dura pero a la par que satisfactoria. Por otro lado, si es tormentoso en lo meteorológico, el hecho de surcar los mares puede ser, no solo intenso y trabajoso, sino también, y llegado a cierto punto, hasta peligroso. No se nos ocurre una imagen, un símil, que ejemplarice de manera tan fidedigna lo que ha sido, durante las últimas semanas, el trabajo de los profesionales sanitarios, desde el primero al último. Hoy, como es lógico, queremos desde aquí poner el acento en las personas que han realizado el Curso de Auxiliar de Enfermería en Madrid, por ejemplo.

Este trabajo, como reconocen las personas que lo aprenden y ejercen, y de ello sabemos bastante en ITEP merced a los más de 40 años de experiencia en su enseñanza que nos contemplan, es del todo vocacional. Hay que contar con unas características muy especiales para ponerse al servicio de los pacientes de la manera en que el Auxiliar de Enfermería se pone. Es un ejercicio profesional de empatía y de esfuerzo por perseguir, de la manera más humana y cercana posible, la curación de la persona que tiene que pasar por un trance de salud complicado.

Con todo ello en mente, cabe destacar que, en estos meses que llevamos en contacto con la pandemia del COVID-19, todos los escenarios se han multiplicado en cantidad y en intensidad. El sistema sanitario se ha visto puesto a prueba como casi nunca antes y, de mano de profesionales ejemplares, con los auxiliares de enfermería incluidos obviamente, está saliendo a flote. Todo ello en una situación en la que el desconocimiento era la nota predominante y en la cual los profesionales de la Sanidad se han visto en una tormenta perfecta física y emocional.

Centrándonos en la labor de los profesionales de cuidados auxiliares de enfermería, su situación ha sido de lo más delicada. Por la naturaleza de su trabajo, la cercanía con el paciente es máxima, lo cual conlleva el aumento de riesgo de contagio. Sin embargo, han optado en la mayoría de ocasiones por no renunciar a esa proximidad y resultar un consuelo y un apoyo, también psicológico, para los enfermos. Todo ello llevaba a la segunda parte de la encrucijada a estos trabajadores, el miedo a su propio contagio y, lo que es peor, al contagio a sus familias. La solución de muchos ha sido aislarse incluso de sus más allegaos, siendo esto un estrés que se suma a toda la presión del trabajo diario en tiempos de COVID-19.

La situación descrita en el párrafo anterior hace gala de las motivaciones, la profesionalidad y valores del Auxiliar de Enfermería. Todo ello no nos sorprende a los que conformamos ITEP, puesto de que nuestras aulas, y bajo nuestro método de enseñanza, han salido generaciones y generaciones de trabajadores que hoy desarrollan su trabajo de la mejor manera posible. Dejadnos que os digamos la profunda satisfacción y el profundo orgullo que eso nos produce.