Las publicaciones de este blog tienen varios objetivos permanentes. Por un lado, nos debemos a la naturaleza misma del centro formativo al que representa y sirve, a modo de escaparate, de recuerdo ilustrativo de las disciplinas que se imparten en ITEP. Por otro lado, tratamos de husmear y buscar las noticias, el mismo día en que se escribe cada texto, que sirvan de información, de candente actualidad, sobre aquellos elementos tocantes a esas mismas disciplinas. Así mismo, cada entrada tiene unas características especiales que hacen que sus coordenadas sean visibles en el amplio océano de las redes y de internet en sí. El texto tiene una estructura reconocible y determinados elementos que son “exigencias del guión”, todo para servir a su fin. Seguramente, el elemento menos remarcable, aunque sea el más visible, suele ser la imagen de acompañamiento de cada texto. De acompañamiento pero, en ocasiones, de lo más explicativos. Hoy es una de esas entradas en las que la imagen vale mucho más que mil palabras. Muestra una realidad que, pese a que en la nueva normalidad es algo diferente, es inherente a la naturaleza empática y desprendida de los profesionales de los que hoy hablamos. Las personas que realizan el Curso de Auxiliar de Enfermería en Madrid, por ejemplo.

La formación que reciben estos profesionales les prepara para muchas cosas. Por la naturaleza misma de muchos de sus escenarios laborales, la preparación del Auxiliar de Enfermería comprende situaciones eminentemente sanitarias, usualmente psicológicas, puntualmente extremadamente sensibles y transversalmente humanas. Gracias a los contenidos que aprenden son capaces de asistir a pacientes de grandes temporadas de ingreso en hospitales, clínicas, residencias, e, incluso, en su propio domicilio. Y son capaces de hacerlo en las situaciones más íntimas de cada uno, haciéndolo con la dignidad y profesionalidad que merece cada paciente. Pero eso no es todo.

Volvamos a ver la imagen de cabecera. En ella la profesional sanitaria no lleva mascarilla por ser una imagen de cierta antigüedad, y no respeta la distancia de seguridad, pero eso sí sigue siendo así. Y lo sigue siendo porque es una de las obligaciones morales que se autoimponen estos profesionales sanitarios. La cercanía física y emotiva con el paciente. En la imagen, la auxiliar acompaña a una persona mayor por el pasillo de lo que parece una residencia. Lo hace atenta, mirándola y tratándola con el respeto que merece. Va a su paso y se muestra como el sustento de esa mujer en el devenir de un lado a otro. Y este es sólo un ejemplo.

Durante los últimos meses, el ejercer esta profesión ha sido un riesgo. Un riesgo que se podría categorizar como transversal, puesto que los lugares donde este trabajo tiene lugar han sido las verdaderas zonas cero de la pandemia. Hospitales, residencias, centros asistenciales, estos han sido lugares donde la COVID-19 ha hecho mella. Pero son esos mismos lugares donde se ha puesto de manifiesto que los auxiliares de enfermería, codo a codo con el resto de personal sanitario, ha demostrado que, aun en circunstancias así, el trato humano (precavido) con el paciente está por encima de todo.

En ITEP llevamos más de 45 años trabajando duro en pos por conseguir nutrir al sistema sanitario de los mejores profesionales en la disciplina del Auxiliar de Enfermería. Conocemos de primera mano las vicisitudes por las que pasa la profesión y la imagen social que de estos trabajadores se tiene. Por ello no dudamos en hacer una abierta defensa de esta labor y de potenciarla formando a generaciones de trabajadores mediante un método basado en la equiparación de conocimientos teóricos y de la aplicación de estos contenidos en la práctica.