El mundo del periodismo se ha convertido en un sitio extraño donde estar. La práctica de esta profesión se ha convertido en el ejercicio de funambulismo más complicado que hay, sobre todo si se intenta hacer todo lo bien que se pueda hacer. En tiempos de ruido, crispación, intereses y desintereses, el intento de contar el qué, el cómo, el dónde, el cuándo y el por qué de las cosas se ha convertido en un laberinto del que es difícil salir indemne, y más aún si no se quiere. Ahora que internet es la inmediata competencia, y que en esa espiral vivimos presos de métricas, posicionamientos y algoritmos, conviene recordar el pasado glorioso de esta profesión, en la que se partía de un simple hecho y de ese hecho se iba desmadejando la trama subsiguiente hasta construir una historia todo lo bien construida y contrastada para contar lo que estaba sucediendo. Es esfuerzo, el de ir más allá de lo que se presume es el que equipara al periodismo con la labor que realizan diversas profesiones que tienen que ver con lo sanitario. Hoy veremos como, por ejemplo, las personas que realizan el Curso de Auxiliar de Enfermería en Madrid, así lo hacen.

Como bien sabéis los que sois asiduos al blog, nos gusta poner en valor las diferentes ocupaciones que nos son tocantes. La profesión de Auxiliar de Enfermería es uno de los trabajos, del mundo sanitario, que con mayor condescendencia se ha visto popularmente. Tradicionalmente se ha reducido sus labores a aquellas que tienen que ver con la higiene más íntima del paciente al que atienden. Como nos hemos encargado de señalar multitud de veces, hace mucho más que todo eso, pero eso también lo realizan. Igual que en el periodismo, la definición de estos profesionales se hace dese un hecho, y luego se sabe qué hay más allá, pero el hecho no deja de ser cierto.

Dentro de las atribuciones de estos trabajadores sanitarios, se encuentra el hecho de cuidar de la limpieza e higiene de los pacientes a su cargo. Pero esto no es baladí ni se realiza al libre albedrío. Esta tarea que socialmente se mira desde un punto de altanería, es una fuente muy fiable y poderosa de información sobre el estado del enfermo, máxime cuando se trata de vigilar daños cutáneos, cicatrices o dolencias de esa misma naturaleza.

Llevar a cabo la higiene de un paciente tiene su propia metodología y su protocolo de actuación. Se debe dar bajo unas condiciones concretas. Ante todo se debe preservar la intimidad del pacuente, se le debe mantener informado de los pasos que se darán e involucrarle en el proceso. La higiene previa del auxiliar es esencial, y se debe lograr un contexto de temperaturas suaves y que evite las siempre molestas corrientes de aire. Ya en la situación óptima, el lavado se realiza de cabeza para abajo, con suavidad pero con esmero, dejando para el final del proceso la espalda, los glúteos y la zona genital del paciente.

Cabe recordar que este proceso que se produce en la intimidad acerca al profesional al paciente logrando una interconexión que facilita el conocer el estado, también anímico y psicológico de la persona encamada. Por lo delicado del proceso en su totalidad, la formación del Auxiliar de Enfermería debe ser exigente y completa para que pueda asistir de la mejor manera a las personas que pasan por sus manos. Desde ITEP tenemos esto claro desde nuestra creación, hace más de 40 años, y tratamos de aplicar un método basado en la experiencia del profesorado y la inmersión profesional a través del aprendizaje práctico que ha arrojado excelentes resultados.